Mostrando entradas con la etiqueta comentario. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta comentario. Mostrar todas las entradas

lunes, 8 de junio de 2015

Un médico novato



A principios del verano de 1936, el joven doctor Pablo Uriel, recién terminada la carrera de Medicina, es enviado a Rincón de Soto, un pequeño pueblo riojano donde comenzará a ejercer como médico sustituyendo al doctor habitual. Sin embargo, el estallido de la Guerra Civil pilla a Uriel desprevenido, y un grupo de falangistas le ordenan presentarse en el cuartel de Zaragoza, donde, a causa de sus ideas progresistas, es detenido. Allí pasará gran parte de su condena, sin saber de qué se le acusa exactamente, y con la desconfianza hacia la justicia militar que fusila a sus prisioneros sin razón justificada. Finalmente, Pablo Uriel es liberado y regresa con su familia.

El dibujante valenciano Sento aprovechó las memorias de su suegro para relatar en esta novela gráfica el trágico suceso que aconteció en España en el siglo XX. A través de los manuscritos y cartas que dejó redactados, Sento reconstruye el contraste entre un joven médico de provincias que marcha a su primer destino frente a una época de la historia española especialmente cruenta, que no entendía de compasiones ni razones. Precisamente, el leitmotiv de toda la novela gráfica es que, en ningún momento, vemos a Pablo pronunciarse abiertamente a favor de la ideología republicana, más bien es un defensor de los valores individuales del hombre, un médico en el sentido no sólo físico, sino también espiritual. Y, sin embargo, desde que es encerrado, pende sobre él la posibilidad del paseo, de una muerte indigna, sin acusación ninguna, la civilización que ha cedido el poder a los bárbaros.


Se trata de una novela gráfica sencilla y honesta, con un trazo suave casi en blanco y negro, con el color muy matizado, que aborda un tema recurrente en nuestra literatura contemporánea como es el de la Guerra Civil. Creo que la mejor cualidad que se le puede atribuir es precisamente, esa honestidad que nace de la sencillez, que confiere al relato un gran valor emotivo, con esa escena final en la que Pablo sale a mojarse bajo la lluvia.

sábado, 6 de junio de 2015

Pyongyang


Pyongyang es el título de una gran novela gráfica escrita y dibujada por Guy Delisle. También es la capital de Corea del Norte, el (no sé si declarado por alguien) país más hermético y cerrado del mundo, donde el régimen dictatorial de un Kim (ahora van por Kim Jong-Un, según aparece en Wikipedia), ha bloqueado todo contacto entre el mundo y el interior de la parte septentrional de la península de Corea.

Es precisamente ese aislamiento lo que provoca en el resto del mundo el interés por conocer qué es lo que sucede realmente en Corea del Norte, de donde la poca información que llega está repleta de noticias increíbles; con la natural curiosidad y morbo hacia un país donde los derechos humanos son un vestigio del pasado.

El dibujante canadiense Guy Delisle aprovecha una estancia laboral en Pyongyang, donde revisa la producción de una serie de animación para un canal francés, para dar cuenta mediante la novela gráfica de la realidad del país norcoreano. En su equipaje, revisado al entrar y al salir del país, un discman con un par de discos de Aphex Twin y el clásico de Orwell 1984, que servirá como referente para comparar la distopía imaginada por Eric Blair con la que se da en Corea del Norte.


Todos los movimientos de Delisle están acompañados por un guía-traductor y un chófer cuya verdadera misión es vigilar todos los movimientos del extranjero. La vida rutinaria de Delisle durante su estancia, la incomunicación general con el mundo exterior (no tienen libre acceso a Internet, claro está) y las pocas visitas a monumentos levantados a la gloria del generalísimo líder y sus predecesores marcan el día a día del dibujante, que consigue transmitirnos en tono documental la increíble situación de un país anclado todavía en la Guerra Fría y en los conflictos del siglo XX.

domingo, 24 de mayo de 2015

En la orilla


Rafael Chirbes posee un estilo prodigioso, capaz de enlazar oraciones una tras otra, yuxtaponiéndolas con una pasmosa facilidad. Su dominio del diálogo, en las diferentes variantes de la lengua, le sirven para caracterizar acertadamente a los personajes: da la sensación de que cada uno de los personajes que conforman el universo de Olba son seres reales, y esta sensación se debe, sobre todo, a la capacidad del escritor valenciano para el diálogo. Otro tanto sucede con sus descripciones. Lejos de ser éstas prolijas y de entorpecer o detener el ritmo de la narración, construyen perfectamente el mundo atosigante en el que se desenvuelven los caracteres. El léxico es un bisturí preciso en manos de Chirbes que se abre paso hasta el fondo de nuestra consciencia para insertarnos la trama, sin dolor, permitiendo que olamos el marjal o que sintamos el asco ante la rutina cotidiana del padre de Esteban.

Frente a su anterior novela, En la orilla recrea el estado de desolación de España tras los conocidos como “años dorados” del urbanismo especulativo. Crematorio narraba la fiesta, el desmadre urbanístico, con sus miserias y oropeles. Las corruptelas de personajes envalentonados por el dinero ganado ilícitamente eran el fiel reflejo de la España de los años 90, de la cultura del “pelotazo”, del carpe diem del ladrillo. Por el contrario, En la otra orilla muestra el día de después de esa fiesta, cuando toca la limpieza, y la mayoría de invitados, si no todos, se marcharon, fueron más listos que tú y no te ayudarán a recoger los restos. Las dos novelas ofrecen protagonistas antagónicos, pues los que se mantienen en pie en Crematorio son falsos héroes, antihéroes construidos sobre la falta de moral y escrúpulos, mientras que los derrotados de En la orilla poseen un halo épico, la compasión que otorga el mal de muchos.

El protagonista principal de la novela es Esteban, dueño de una carpintería heredada de su padre, a quien la especulación urbanística convierte a la vez en víctima y verdugo. La carpintería quiebra, y Esteban se ve obligado a despedir a los trabajadores y a dedicarse al cuidado de su anciano padre, con quien siempre ha mantenido una relación difícil “edipesca”. Además, como contrapunto a Esteban, aparece Francisco, su amigo de la infancia, que establece el triángulo amoroso con la fallecida Leonor, la mujer que fuera novia de Esteban en la juventud y mujer de Francisco en la adultez; y cuyo recuerdo se alza entre ambos como un fantasma nunca nombrado. Esteban representa el peso de la ideología (su padre, republicano, estuvo escondido en el marjal durante la posguerra), el peso de la abulia (es incapaz de escapar del pueblo, para labrarse un futuro mejor, como si han hecho, con mejor o peor fortuna, sus hermanos), el peso de la realidad (que se descarga sobre él y los que de él dependen, mientras que el promotor Pedrós huye a Brasil con el dinero, y Esteban queda en Olba con las deudas), el peso de la responsabilidad (Esteban carga con el padre enfermo, mientras que sus hermanos viven fuera esperando tan solo una herencia que ya ha sido dilapidada en la especulación de Esteban). Frente a él, surge Francisco, el amigo de juventud del pueblo, perteneciente a una arraigada familia de derechas, aunque él siempre se manifestó de izquierdas, al menos mientas ser de izquierdas, y llevar chaquetas de pana, y afiliarse al PSOE clandestino era la novedad;  hasta que hubo de sentar la cabeza, estableciéndose en el mundo de la alta gastronomía como enólogo (otro mundo de impostores), y ahora, ya retirado, regresa a Olba a intentar retomar una amistad traicionada con Esteban, a contarle sus penas, a restregarle sus éxitos.

No son los únicos personajes que aparecen. Una de las características del estilo de Chirbes es el uso del monólogo interior para reflejar los pensamientos y sentimientos de los personajes. La otra gran característica, a mi juicio, es el empleo de la perspectiva múltiple. Si bien es cierto que predomina sobre todo el relato la voz de Esteban como narrador; existen otros personajes que reflejan diferentes estratos de la sociedad, y que son víctimas también de la ambición y la falta de escrúpulos de los poderosos, que presentan también sus problemas y contradicciones y miserias. Es el caso del magrebí Ahmed, que trabajaba en la carpintería, y con el que se inicia la novela cuando descubre restos humanos en el marjal (¿el padre de Esteban?); o de la ecuatoriana Liliana, que cuida del padre de Esteban hasta que éste se ve obligado a prescindir de ella, y que vive también su propio drama con el marido en paro y alcohólico; o de Joaquín, padre de tres hijos, antiguo barrendero y trabajador de la carpintería, que es el fiel reflejo de los hombres de mediana edad a quienes el despido les pilla demasiado jóvenes para alcanzar a jubilarse, pero demasiado viejos como para alcanzar a reciclarse y encontrar otro trabajo.


En definitiva, esta novela es el resumen perfecto de la España del siglo XXI, esa España que recuerda con nostalgia y cierto fervor el reciente pasado “glorioso” (la Transición, la modenización, los Juegos Olímpicos y Exposiciones Universales, el crecimiento de las ciudades, los éxitos deportivos,…) que se aferra con uñas y dientes a su condición de Europa para no salir (al menos, no del todo) de la sociedad del bienestar, pese a que los sacrificios a los que nos hemos visto obligados contradicen precisamente ese sintagma tan paradójico, la “sociedad del bienestar”.

Oigo el runrún del parloteo del promotor y el mío propio, y hasta veo la escena, la jornada en que coincidimos en el restaurante, no me acuerdo cómo me dijo el tipo que se llamaba, pero miro con melancolía aquellos tiempos de inocencia. Qué habrá sido de él y de sus jilgueros trinadores. La edad de oro estaba a punto de llegar, la tocábamos con la punta de los dedos, faltaba el canto de un duro, pero ha faltado, y al saltar para tocarla, nos hemos caído de culo: ahora todo se ha hundido, así fue la cosa, el dinero caído del cielo (al bueno del promotor le caía desde los andamios, yo tenía varios manantiales por los que brotaba), las comidas multitudinarias, la coca y la puta que sopla el trombón; y el pádel y el squash y el pilates y el brunch. Duró lo que duró, no estuvo mal, las mil generaciones que nos preceden no tuvieron un día de su vida así, la verdad que no, y ahora nos queda el dolor de cabeza que deja la resaca, ese clavo en la sien (gajes del oficio, no hay placer sin riesgo ni felicidad que cien años dure), porque las cigarras no se preocuparon de guardar para cuando llegasen los malos tiempos, y en estos momentos no es que no haya para whisky o para coñac francés: es que no hay ni para Saimaza en la despensa de casa, ni para meter en la nevera unas chuletitas de cordero congelado, no digo ya una cola de merluza de pincho recién pescada, o un mero, eso ya ni lo sueñen, es hora de llanto y crujir de dientes, de arrepentimientos: ¿adónde fueron los billetes de antaño?, ¿qué se hizo de aquellos hermosos billetes morados?

domingo, 10 de mayo de 2015

André el Gigante. Vida y leyenda.




Un género que parece estar en auge, el de la biografía bajo la forma de una novela gráfica. En los últimos tiempos existen bastantes ejemplos de ello: Alfonso Zapico y su Dublinés, el Kafka de Robert Crumb,  o incluso una de las grandes obras de todos los tiempos, no sólo dentro del ámbito de la novela gráfica, como es Maus, de Art Spiegelman.

Esta obra de Box Brown nos narra, por tanto, la vida de André Rousimoff, más conocido como André el Gigante, luchador profesional de los años 70, 80 y 90. André llegó a medir 2,28 centímetros y a pesar 272 kilos, debido a una rara enfermedad, la acromegalia, un desarrollo desmesurado de todo su cuerpo, que le pronosticaba también una muerte prematura, dado que ni sus órganos ni sus huesos podrían soportar tal velocidad de crecimiento. Con estas condiciones, el joven André sale de la granja de sus padres en Moulien, un pequeño pueblo de Francia, y acaba entrando en el mundo de la lucha libre profesional, donde se convierte en toda una leyenda. El autor va desgranando los entresijos de un negocio típicamente norteamericano, donde el espectáculo prima por encima de todo interés, y donde André consigue alzarse con el campeonato previamente amañado. A las vicisitudes del negocio en diferentes lugares en los que está arraigado (Estados Unidos, Japón, Francia,…) se le une una vida llena de incomodidades dado su tamaño, y sometido al desprecio del mundo en general.

El principal punto de interés de la obra se centra, a mi juicio, en contar cómo fue la vida del hombre más fuerte y grande del mundo en aquel momento, y en la paradoja que se da con algunas situaciones. Por ejemplo, el hecho de que no pudiese entrar al baño de los aviones que tomaba. Realmente, André tuvo que sufrir una vida llena de incomodidades que terminó con una terrible ironía final: el hombre más grande del mundo estaba condenado a no poder levantarse de su silla.

Aunque la lectura del cómic es entretenida y rápida, echo en falta la poca profundización sobre algunos de los aspectos relevantes de la vida del personaje. Apenas se ofrecen algunas pinceladas, si bien es cierto que el propio autor confiesa que ha ido reconstruyendo los hechos a partir de vídeos, entrevistas, recortes de prensa y el testimonio de quienes conocieron a André.

Por último, cabría destacar el que es el mejor momento de toda la novela, aquel en el que se describe detalladamente la pelea de André con Black Gordman y El Gran Goliat en Los Ángeles de 1974, y donde se da cuenta del mundo de la lucha libre. La pelea, que podría haber sido cualquier pelea, tiene un guión establecido en el que se juega con los maniqueos sentimientos del público, hay un babyface o técnico, que es el luchador bueno, frente a un rudo o villano, que utilizará toda clase de artimañas ilegales para ganar un combate que, no obstante, caerá del lado del técnico, cuyo carácter épico terminará por completar el espectáculo. Una vez pasado el tiempo de gloria, el técnico suele convertirse en rudo, para ceder el sillón a otro luchador, cosa que sucedió a André con Hulk Hogan, en el famoso combate del Pontiac Silverdome de 1987.

domingo, 3 de mayo de 2015

20.000 leguas de viaje submarino

 



Esta obra que figura entre las más conocidas del escritor francés Julio Verne fue publicada originalmente en el Magasin d’Éducation et de Récréation, en 1869, la primera parte y un año después la segunda. En ella se  nos cuenta que la desaparición de diferentes embarcaciones a lo largo de todo el mundo, se deben al parecer a un narval gigante, por lo que se organiza una expedición con objeto de identificar y matar al monstruo marino. En esta expedición participarán el científico narrador y protagonista, Pedro Aronnax, así como su criado Consejo y el arponero canadiense Ned Land. Tras un par de semanas persiguiendo el rastro del monstruo, el barco en el que viajan es violentamente golpeado en su casco y se hunde irremediablemente. Aronnax y Consejo son rescatados por Ned Land, quien consigue ponerlos a salvo en lo que parece ser una isla, pero que es en realidad el Nautilus, un submarino al que se había confundido con el monstruo marino. Dentro de éste, conocen al capitán Nemo, un personaje fascinante, cuyo odio por la humanidad terrestre es equiparable a su gran erudición marina y su incuestionable liderazgo dentro del Nautilus. Prisioneros en el interior del submarino, ya que conocen su existencia, comenzarán entonces un viaje a través de los siete océanos de la superficie terrestre donde les serán revelados los grandes secretos de la vida submarina.

Aunque Aronnax se muestra reacio a ello, ya que se siente feliz al poder estudiar toda la fauna marina, los tres deciden escapar durante una de las veces en las que el Nautilus asoma a la superficie para renovar sus reservas de aire. Además, el capitán Nemo se muestra cada vez más misterioso y aislado, debido al continuo hostigamiento que sufre de los buques de guerra de la superficie. Finalmente, aprovechando la confusión provocada por el ataque de un calamar gigante al Nautilus; Aronnax, Consejo y Ned Land consiguen llegar hasta la costa noruega, donde son rescatados.

Esta novela pertenece, como casi toda la obra de Verne al género de la ciencia-ficción. Se ha señalado en multitud de ocasiones cómo Julio Verne se adelantó a los avances técnicos que años después lograría la ciencia. Precisamente, uno de los logros de la novela es la explicación lógica y plausible de la vida humana bajo el mar: escafandras autónomas, la producción de aire dentro del submarino, el aprovechamiento al máximo de los recursos marinos (algas, peces,…), los fusiles y armas,… Todo esto contribuye a la magnificencia del Nautilus, que se convierte en un espacio mítico dentro de la literatura.

Dicho espacio lo comparte con el que es el personaje más interesante de la obra, el capitán Nemo. Hay dos datos interesantes en torno a él. Por un lado, ha quedado demostrado que, en realidad, el vengativo capitán Nemo era un trasunto del propio Verne, lo que le llevó a enfrentarse a su editor francés, quien quería suavizar el carácter a veces violento del capitán. Por el otro, el nombre del capitán puede relacionarse con el significado latino del término: Nemo es Nadie, o Ninguno. Así pues, tenemos de nuevo a un gran navegante llamado Nadie que muestra su astucia para sobrevivir. El antecedente de éste puede buscarse en la gran obra de cierto aedo invidente de Grecia.

El misterio en torno a Nemo se mantiene durante toda la obra. Pese a su trato correcto con Aronnax, no duda en ocultarle a éste aquello que cree que puede poner en peligro al Nautilus o a su tripulación. Su pasado es también oculto: no sabemos ni su origen, ni su nacionalidad, ni cómo llegó a odiar a la humanidad que vive sobre la faz de la tierra y se recluyó bajo las aguas. Los pocos datos que el narrador Aronnax nos da son imprecisos: su inglés no tiene ninguna clase de acento, domina además otros idiomas, y su fisionomía y forma de vestir no son tampoco determinantes.

Los otros tres personajes son en realidad tres manifestaciones de un mismo ser: por un lado, el científico Pedro Aronnax representaría la parte racional de todo ser humano; Consejo es la parte inconsciente (lo demuestra cuando antepone la vida de su señor a la suya propia) y el temeroso a la par que valeroso Ned Land sería el elemento concupiscente o pasional, la pura fuerza bruta.

El estilo que emplea Verne es muy minucioso. Demuestra tener un grandísimo conocimiento del mundo marino, tanto que podemos considerar el libro como un tratado de biología marina. Sin embargo, la minuciosidad de las descripciones de peces y otros animales, aunque a veces resulta fascinante por lo singular de las especies descritas, en ocasiones dificulta la agilidad de la novela. No obstante, hay que reconocer que la contextualización es asombrosa dados los pocos medios al alcance de Julio Verne a finales del siglo XIX.



Como dato curioso, existe una versión en película de los estudios Disney de 1954, dirigida por Richard Fleischer e interpretada por James Mason (cap. Nemo), Kirk Douglas (Ned Land), Peter Lorre (Conseil) y Paul Lukas (Pierre Aronnax). También el personaje de Nemo y su Nautilus aparecen en la serie de cómics de Alan Moore y David O’Neill, La liga de los hombres extraordinarios.


La unidad de medida a la que hace referencia el título podría tratarse de una legua marina, que equivale a 5,556 kilómetros, con lo que las 20.000 leguas serían unos 111.120 kilómetros. Si tenemos en cuenta que el ecuador terrestre tiene una longitud aproximada de 40.075 kilómetros, el viaje del Nautilus podría haber dado casi tres veces la vuelta al mundo completa. Sin embargo, sabemos por las diferentes referencias que se nos ofrecen en la novela que la ruta que sigue el submarino varía tanto en el eje norte-sur como en el este-oeste, por lo que finalmente podemos hablar de una vuelta casi completa alrededor de la parte líquida de la Tierra.

domingo, 26 de abril de 2015

Criminal (integral vol. 2)


 
El segundo volumen de la serie Criminal, cuyo guion corre a cargo de Ed Brubaker y está dibujada por Sean Phillips, está compuesta por tres historias pertenecientes al género negro. Como contenido extra, se incluye al final del libro una historia corta, Noir siglo XXI. Además, el tomo contiene la galería de portadas, una suerte de tráiler de El último de los inocentes, y un conjunto de dibujos y bocetos de películas y series clásicas de estética noir que han servido de fuente de inspiración al autor de la serie.

Ed Brubaker utiliza algunos de los lugares comunes del género, como la mujer fatal, el solitario perdedor como protagonista, el ambiente sórdido o la moral del antihéroe en una sociedad inmoral. Sin embargo, tanto los argumentos como los diálogos permiten que la historia no nos desespere, e incluso llegue a sorprendernos. Éste es sin duda el punto fuerte de la novela gráfica. En cambio, el trazo elegido por Sean Phillips parece perderse a veces. Y eso que el género negro permite, dentro de una novela gráfica, un trazo menos definido, ya que predominan los colores oscuros. Sin embargo, tanto el entintado como el dibujo están lejos de la que, al menos de momento, sigue siendo la obra de referencia de este tipo de novelas gráficas, Sin City.

La primera de las historias es la titulada Mala noche. Se trata de un arco argumental desarrollado en cinco actos en los que el escritor Jacob Kurtz, en una de sus noches de insomnio, acaba en un bar de comidas nocturno, donde conocerá a Iris. Siguiendo la voz de su conciencia, que se manifiesta en el detective Frank Kafka cuyas aventuras escribe Jacob, irá introduciéndose cada vez más en una espiral de desenfreno y delito de donde cada vez le será más difícil salir para poder hacer lo correcto. Lo más interesante de esta primera historia es el personaje protagonista, Jacob Kurtz, cuyo carácter apocado y tímido esconde realmente una personalidad totalmente sorprendente. El juego de voces que mantiene con su creación, el detective Kafka, una especie de Elliot Ness que le sirve para parodiar los clichés del género, permiten construir un personaje redondo y llevarnos hacia un desenlace inesperado.

En Los pecadores, aparece Tracy Lawless, un ex soldado contratado como matón por el jefe del hampa, el señor Hyde. Pese a lo que pueda parecer dado su oficio, Tracy es una persona con una moral recta e incorruptible, que sólo asesina a aquellos cuyos actos merecen tal castigo. Una ola de ejecuciones llevadas a cabo en el barrio por una banda misteriosa, y los remordimientos de Tracy hacia su jefe y la familia de éste, serán el epicentro de la trama. El personaje principal, sin estar mal construido, resulta a mi juicio menos interesante que los otros; tal vez porque es un “bueno” que actúa con los “malos”, pero tiene siempre presente la intención de hacer el bien y lo correcto.

Por último, El último de los inocentes es una mezcla entre Beautiful girls y Crimen perfecto. Riley Richards regresa a su pueblo para pasar las últimas horas con su padre, enfermo terminal. Este regreso es también una vuelta a la vida que había dejado atrás: su amistad con Friqui Gordon, convertido ahora en un ex alcohólico; y la hermana de éste, Lizzie Gordon, de quien Riley está enamorado. Pero Richards esconde un par de secretos tras de sí: por un lado, sus deudas de juego con el señor Hyde, que se traducen en una necesidad acuciante de dinero que podría prestarle su millonario suegro si no lo odiase; por el otro, su matrimonio cada vez más roto con Felicity Doolitle, quien le engaña con el rival de Riley, Teddy. Además de las constantes referencias subliminales, resulta atractivo el juego que hace entre el estilo de la edad adulta, y el dibujo y diseño de la juventud de Riley, con un estilo que recuerda a Archie y sus amigos (no en vano, la historia es una vuelta de tuerca a las historietas de Archie).




Por último, cabe destacar la historia corta que se incluye como material adicional, al final del libro, Noir siglo XXI. Pese a que no tiene la extensión de las otras, resulta muy entretenida, pues de nuevo Brubaker nos sorprende sin dejar de utilizar los recursos noir: en este caso, la femme fatale.

lunes, 20 de abril de 2015

Nostalgia de Charlie Parker


Un genio ingobernable, que vivió tan deprisa como los fraseos que era capaz de realizar con el saxo alto, si es que no lo había empeñado para conseguir algunos dólares. Así era Charlie Parker, el gran agitador del jazz de los años 40, que en este libro compilado por Robert George Reisner aparece dibujado por los testimonios de aquellas personas con las que se cruzó en su vida.

Apodado Yardbird (Pájaro), empezó su carrera siendo apenas un adolescente, colándose en las jam sessions de los clubes de Kansas City hasta que era descubierto y echado a patadas. Influenciado por el estilo de Lester Prez Young, pronto consigue ingresar en la orquesta de Jay McShann, con la que inicia las giras que le darán a conocer al gran público. Posteriormente, se trasladará a Nueva York, donde se asentará; aunque alternará su vida en la ciudad neoyorquina con estancias en Los Ángeles o en Kansas City, además de alguna gira por Europa, donde era venerado en Francia y Suecia, países de gran conocimiento del jazz. Su ajetreada vida, la adicción desde muy joven a las dogas, y su genialidad, lo llevarían a una depresión continuada y a varios intentos de suicidio. Sin embargo, Parker se sobrepondría, motivado por el nacimiento de sus hijos, e ingresaría en el hospital de Camarillo. Una vez recuperado, intentó llevar una vida más ordenada, pero el ambiente de los clubes nocturnos (llegaron a ponerle su nombre a un famoso club, el Birdland), las interminables jam sessions, y la muerte de algunos de sus hijos, lo empujaron de nuevo hacia los viejos malos hábitos. Charlie Parker acabaría muriendo en la habitación del hotel de su amiga la baronesa Pannonica de Koenigswarter, debido a una neumonía lobar.

Por el libro desfilan numerosos personajes fundamentales de la historia de la música que compartieron escenario e historias con Bird. Llama la atención que los numerosos testimonios del libro difieren en muchos de los hechos, pero todos coinciden en el retrato de un Parker genial y atormentado, lúdico y loco, egoísta y generoso… Contradictorio, al fin y al cabo, una suerte de Quijote del jazz, innovando en el que dio en llamarse estilo be-bop.

Su breve vida (murió a los 34 años) fue siempre sublimada por la música jazz, acompañada de la amistad de los grandes músicos que este género ha dado. Así, destaca su amistad (a veces transformada en riñas o envidias mal disimuladas) con los trompetistas Dizzy Gillespie, primero, y luego el que acabaría siendo su sustituto, Miles Davis. Otros músicos con los que el Pájaro tocó o grabó fueron: Max Roach (batería), Tommy Potter (contrabajo), Lucky Thompson (saxo tenor), Walter Bishop (piano), Tommy Turk (trombón), Erroll Garner (piano), Sara Vaughan (voz), Art Blakey (piano) o Kenny Dorham (trompeta).

La historia de Charlie Parker es también, de alguna manera, la historia de las minorías afroamericanas de los años 40. Jóvenes de clases socialmente bajas que tenían en la música una vía de escape y oportunidad de enriquecerse, pero, como le sucedió también al pobre saxofonista, acabaron cayendo en el consumo desmesurado de alcohol y drogas.


Charlie Parker ha sido siempre un icono de la música americana, que ha servido de inspiración  a grandes artistas. Recordemos, por ejemplo, el relato El perseguidor, de Julio Cortázar, una especie de biografía literaria, o la película Bird, donde Forest Whitaker interpreta al músico, dirigida por Paul Newman. Como señaló el propio Miles Davis, el gran referente del jazz en los años 60: “Louis Armstrong y Charlie Parker, ésa es la historia del jazz”.

Aquí dejo una selección de temas:

miércoles, 4 de marzo de 2015

Kingsman: The secret service



La semana pasada me di una vuelta por Action Comics (c/ Vinader, Murcia) a echar un vistazo al material que tenían, y quedé gratamente sorprendido pues la tienda, pese a no ser muy grande, tiene un poco de todo: comics americanos de las grandes editoriales (Marvel y D.C.), novela gráfica europea, manga, juegos de mesa, figuras,… Todo bien ordenado, y con un par de cajas de números atrasados y colecciones completas de segunda mano que siempre se agradecen. Entre los varios ejemplares que compré, como pequeña delicatessen que suelo incluir como capricho, esta vez le tocó a Kingsman: The Secret Service, influido (supongo) por su reciente estreno en el cine.

La novela gráfica, publicada por Panini Comics, es obra de Mark Millar, Dave Gibbons y Matthew Vaughn; y nos cuenta la historia de Gary “Eggsy”, un joven marginal de los suburbios londinenses que acaba convirtiéndose en espía de la mano de su tío, Jack London. Se trata de una parodia de ese género tan británico de la novela de espías, encarnada por James Bond, pero al que Millar mezcla con el ambiente marginal y degradado de los barrios decadentes londinenses, donde conviven los hooligans más violentos y sostenidos por el subsidio social. Tal y como señala Gonzalo Quesada en el prólogo: “A Millar le parecía buena idea hacer que se mezclaran personajes de extractos sociales tan diferentes como los personajes de James Bond y los de Trainspotting”.

Toda la historia se sostiene por los guiños de Millar a iconos de la cultura pop (por las páginas del cómic aparecen Mark Hammill, Ridley Scott o David Beckham, entre otros); su habitual humor negro (el rescate de Mark Hammill con el que se inicia el relato es buenísimo); y por el trazo bien perfilado de Dave Gibbons.



Sin embargo, en la historia hay algunos momentos en los que decae el nivel, como por ejemplo la velocidad con la que se narra el entrenamiento de Gary, que en teoría dura tres años, o los tópicos que aparecen a lo largo de toda la narración. A pesar de ello, su lectura es entretenida y bastante recomendable para quienes no sean muy sensibles a la ultraviolencia que practica Mark Millar en sus cómics (Kickass, Wanted), todo un Tarantino de la novela gráfica.




domingo, 8 de febrero de 2015

Come prima



Esta novela gráfica publicada por Salamandra Graphic narra el viaje de Fabio y Giovanni, dos hermanos separados durante largo tiempo que se reencuentran debido al fallecimiento de su padre. Durante la época de entreguerras, el joven Fabio siente que su pueblo costero natal no puede ofrecerle las mismas oportunidades que el vasto mundo, por lo que decide alistarse con los camicie nere y salir a recorrer mundo. Abandona a todos hasta que su hermano Giovanni lo encuentra en Francia ganándose la vida en combates de boxeo, y le convence para regresar a por la herencia asignada, cumpliendo con la última voluntad del progenitor.

Inician entonces ambos hermanos un viaje de vuelta que no es sólo físico, sino también sentimental. Los silencios en el coche, los reproches que se cruzan, la alegría de los recuerdos de los tiempos pasados,… Alfred va combinando escenas de ese pasado, marcadas por un estilo de dibujo sin trazo determinado, y con colores predominantemente amarilláceos; con el presente, con los dibujos bien marcados, y un tono anaranjado. Así vamos descubriendo los verdaderos motivos del exilio de Fabio, cómo ha sido su vida, y, en oposición, cómo se ha mantenido, cubriendo de alguna manera su lugar, el hermano menor, Giovanni.



En el libro se destaca especialmente el tratamiento de un tema sentimental sin caer en la sensiblería ni el melodrama: aunque evidentemente se suceden escenas dramáticas y momentos cómicos, cuando llegamos a las viñetas finales asistimos al reencuentro de Fabio con la vida que había dejado atrás, de la que huyó, con la sensación de estar contemplando a personajes reales enfrentándose a problemas cotidianos.

La obra fue premiada en el Festival de Cómic de Angulema. El título, según he podido rastrear por la red, está tomado de una canción de Tony Dallara. Dejo aquí el vídeo y el enlace con la letra traducida.




domingo, 30 de noviembre de 2014

El desierto de los tártaros



Cualquier excusa es buena para llegar a un libro. En mi caso, la lectura de El desierto de los tártaros, de Dino Buzzati, vino recomendada por un amigo italiano, Pietro, durante la boda de una amiga común. Allí, entre copas de vino y conversaciones más o menos forzadas, comenzamos a hablar de literatura, y él me recomendó fervientemente la lectura de esta novela italiana. Como suele ocurrir, recogí el título, que quedó relegado hasta casi un año después, en concreto este verano pasado, cuando comencé su lectura.

La novela narra el inicio de la vida adulta del soldado Giovanni Drogo. Destinado  a la Fortaleza Bastiani, bastión septentrional (el juego de palabras no es casual) de un país desconocido (probablemente Italia) contra los tártaros o bárbaros del Reino del Norte. Al principio, Drogo sueña con una gran carrera militar, cuyo punto de comienzo es una fortaleza clave en la defensa del país, pero, al poco de llegar, se da cuenta de que aquel no es más que un rincón olvidado del reino en el que nunca pasa nada. Tal y como es advertido al principio, puede marcharse cuando quiera, pues el médico de la fortaleza le facilitará la salida mediante prescripción. Aún así, el capitán Matti lo convence para que pruebe durante cuatro meses. Giovanni acepta, y en esos cuatro meses comienza a mimetizarse con la vida militar y ordinaria: hace algunos compañeros, participa en la rutina diaria, los días se suceden monótonamente,… Su primer permiso, que aprovecha para volver a la ciudad, le ponen de manifiesto que ya ha perdido el contacto con los que una vez fueron sus amigos, y con aquella mujer a la que alguna vez, tal vez secretamente incluso para sí mismo, amó. De esta manera, Drogo cae en la cuenta de que su única posibilidad es continuar en la Fortaleza, a la espera de un enemigo que nunca llega.

La llegada de una división para reformular las fronteras del país mostrará la rivalidad entre las distintas secciones de un mismo ejército, y sacará a relucir el insensato honor militar, que será la perdición del teniente Pietro Angustina, amigo de Drogo que se le aparece en sueños invitándolo a acompañarlo. Se trata de sueños cargados de simbolismo, aunque Giovanni es incapaz de descifrarlos. Angustina, muerto de forma estúpida, es considerado como un héroe de guerra, sin haber luchado, mostrando la falacia e hipocresía de los altos mandos.

Un par de hechos rompen la monotonía castrense. Por un lado, un caballo que aparece en el desierto, tierra de nadie sobre la que se ciernen los tediosos ojos de los vigías, y al que el soldado raso Lazzari intentará capturar sin permiso de sus superiores: una desafortunada coincidencia (ignora el santo y seña de la guardia saliente) le hará perder la vida. El otro hecho significativo es cuando el teniente Simeoni avista a lo lejos lo que parece ser una carretera que está siendo construida por el enemigo para transportar tanques con los que atacar la fortaleza. Paradójicamente, pese a que llevan una eternidad esperando a que pase algo, los gerifaltes del bastión no ordenan acción alguna (salvo quitarle a Simeoni su catalejo para evitar crear revuelo), y poco a poco comienza a disiparse la certeza de que se trate de una carretera.

Giovanni asciende de graduación militar al tiempo que envejece, simplemente por pura mecánica jerárquica, sin ningún motivo justificado. Finalmente, un Drogo recluido en la cama, ya como segundo en el mando de un reducto cada vez más abandonado, es alertado de la llegada, esta vez sí, del enemigo. Lleva toda la vida esperando ese momento, y sabe que al menos le quedará el honor de poder morir en el campo de batalla, pero su frágil condición física obliga al coronel Simeoni, como alto mando del bastión, a apartarlo de la Fortaleza Bastiani, siendo enviado a una pensión cercana donde termina sus días.



La novela se enmarca dentro de toda una tradición muy desarrollada en la literatura del siglo XX, lo que podríamos llamar las novelas de espera. Pueden citarse títulos como Esperando a Godot, de Samuel Beckett; El coronel no tiene quien le escriba, de Gabriel García Márquez; o, muy próximas a Buzzati, las novelas de Kafka, como El proceso. No en vano, todas estas novelas tienen como uno de sus fines mostrar el absurdo existencial de determinados sistemas (judicial, administrativo, militar) que anulan la voluntad humana y la individualidad en pos de una colectividad uniforme e insulsa. No es menos la novela que comentamos, pues Buzzati utiliza muy bien algunos elementos a su alcance para mostrarnos esa absurdidad extrema. Por ejemplo, el caso de la muerte de Lazzari, una muerte estúpida, cuando había acudido a recoger el caballo extraviado que aparece en el páramo desierto, y que es disparado por sus compañeros (pese a que lo reconocen, aunque no se mencione), por desconocer la contraseña para ese día.

El tema principal del relato es esa crítica que realiza Buzzati a la sinrazón del mundo militar, que lleva a los individuos a desposeerse de sus sueños y esperanzas. Drogo es el ejemplo de esta pérdida de la identidad en pos de un supuesto bien común, la salvaguarda del reino: alejado de la vida civil, consume sus días en la mecánica repetición de actos. Tan sólo al final, cuando, ya enfermo, ni siquiera sale de su camastro, y es avisado de que se acercan los enemigos, su vida parece cobrar sentido: Giovanni recuerda todos aquellos compañeros que se trasladaron de la Fortaleza, en busca de un destino más activo en el que poder hacer carrera militar. Pero la vida es implacable, y la enfermedad le impide poder participar en la batalla, tener una muerte digna. Su indolencia vital ha sido fiel hasta el final. Drogo se despide en la cama, dibujando en el último momento una sonrisa en sus labios, la única que esboza en toda la novela.

Buzzati inserta la narración en una temporalidad y especialidad indeterminadas. Desconocemos cuándo se produce la acción (tal vez en los albores del siglo XX), así cómo dónde sucede ésta (posiblemente algún territorio colonial italiano). Esta indeterminación contribuye a crear en el lector esa sensación de pérdida, de extravío existencial, pues el tiempo es un círculo ad aeternum en el que todos los días y todos los actos son repetidos, y cuya única muestra de avance es el deterioro físico que produce la edad.

Una última cuestión interesante es la de la identidad de los tártaros. Bajo esa identidad se esconde el otro, el desconocido, el bárbaro; una idea muy extendida en toda la literatura, y que Buzzati recoge, es el miedo a ese desconocido que es diferente de lo que uno es; y que, a falta de un conocimiento más profundo, se convierte en recipiente sobre el que verter nuestros miedos y odios colectivos, el enemigo del que hay que protegerse aunque, como se afirma en la novela, ni siquiera se sepa por qué se lucha, o de quién hay que defenderse. Una de las caras de la otredad, sin duda, que lleva al apático Giovanni Drogo a perder la esperanza y a vivir en soledad:

“Poco a poco la confianza se debilitaba. Es difícil creer en algo cuando uno está solo y no puede hablar de ello con nadie. Precisamente en esa época Drogo se dio cuenta de que los hombres, por mucho que se quisieran, siempre permanecían alejados; si uno sufre, el dolor es completamente suyo, ningún otro puede tomar para sí ni una mínima parte; si uno sufre, no por eso los otros sienten daño, aunque el amor sea grande, y eso provoca la soledad en la vida.”



Existe una versión para el cine dirigida por Valerio Zurlini en 1976, y protagonizada por Jacques Perrin como Drogo, además de contar con la participación de Vittorio Gassman, Francisco Rabal y Fernando Rey.

domingo, 12 de octubre de 2014

Las extraordinarias aventuras de Adéle Blanc-Sec


Fiel a mi tardanza general, motivada por mi poliocupación, vengo a comentar la obra completa, recogida en tres volúmenes por Norma editorial, de Las aventuras de Adéle Blanc-Sec¸ obra del genial Jacques Tardi.

El personaje principal, heroína de las historietas, es Adéle Blanc-Sec, una escritora francesa afincada en París que vive de publicar sus propias aventuras. Es una mujer atractiva, capaz de despertar pasión en los hombres y celos en las mujeres, que, muchas veces de manera absurda, se ve envuelta en aventuras bastante dispares.

Sus aventuras transcurren en un París pre-contemporáneo, en torno a 1911, con los tambores de la I Guerra Mundial ya sonando de fondo. De hecho, el personaje de Adéle es una prolongación del antimilitarismo declarado de su autor, Tardi, como ya demostró en la obra ¡Puta guerra!. Pese al nacionalismo reinante en Francia por aquellos años (recordemos el caso Dreyfuss y el asesinato de Jean Jaurés), Adéle muestra un contrapunto cínico contra aquellos que promueven la lucha armada como solución política a todo.


Las aventuras de Adéle están impregnadas de lo fantástico y lo sobrenatural: pterodáctilos salvajes, momias que vuelven a la vida, sectas babilónicas secretas con lo más selecto de la sociedad parisina,… La galería de personajes secundarios es igualmente importante, pudiendo estos clasificarse según sus diferentes funciones:


- Entre los científicos, destacan el profesor Ménard (responsable del Jardin des Plantes y quien devuelve, cual Frankenstein, al pterodáctilo a la vida), Robert Esperandieu (quien sorprende al convertirse en uno de los villanos contra los que lucha Adèle) y el profesor Dielevault (otro de los grandes enemigos que tiene la escritora en su contra).

- La policía aparece siempre caracterizada entre incompetente, en el caso del comisario Caponi y del detective Simón Flageolet; cruel y déspota, en el caso del comisario Laumanne; o manipuladora y corrupta, como le sucede al comisario Dugommier, líder de la secta adoradora de Pazuzu. 



Curiosamente, los bandidos muestran dos caras diferentes: los hay que intentan asesina a Adéle (sus primigenios ayudantes Albert y Joseph, o el tirador Thomas Rove); pero entre éstos se cuenta el que parece el único hombre por el que se ha interesado la damisela parisina, Lucien Ripol, que aparece en su primera aventura, Adéle y la bestia.

- Sus amistades, si es que pueden calificarse como tal, y que sirven de contrapunto cómico a la intriga principal, se sitúan siempre en el lado de la marginalidad y el ocultismo, muy a menudo salpicados por el alcoholismo. Es lo que le ocurre al soldado Lucien Brindavoine, excelente ejemplo de militar asqueado de la guerra y del trato que la sociedad les dispensa a los soldados tras la misma; el payaso y humorista Roy o la momia (sí, una momia) que tenía Adéle en su casa y que, un día, tras cuatrocientos años dormida, cobra vida y se marcha a conocer el incipiente siglo XX en Momias enloquecidas.


- Mención especial merece el multimillonario, y malvado, Otto Lindenberg, un capitalista especulador condenado a la parálisis, que, sin embargo, es capaz de ejecutar el mal por puro placer. Recuerda, poderosamente, a cualquiera de esos magnates que pueblan la geografía mundial, que hacen y deshacen con su dinero sin que ningún gobierno sea capaz de controlarlos, y que carecen de ética porque la ley no se hizo para ellos.


Toda la saga se enmarca dentro de la denominada corriente steampunk, en la que el retrofuturismo se basa en la estética victoriana de finales del XIX y principios del XX, con los adelantos técnicos -y visionarios- surgidos en la época. Todo ello, por supuesto, bajo el prisma cínico de Tardi, quien muestra su desconfianza hacia el ser humano a través de los diálogos de los personajes.


Los tres tomos de la edición completa de Norma Editorial se completan con la novela gráfica "El demonio de los hielos", una historia muy del estilo de Julio Verne, una referencia fundamental, sin duda, para Tardi.

martes, 23 de septiembre de 2014

El gran Gatsby


Este año 2014 ha resultado importante para el clásico norteamericano de Francis Scott Fitzgerald. Al estreno de la película realizada por Martin Scorsese y protagonizada por Leonardo DiCaprio, hay que sumarle la aparición de la novela gráfica de Stéphane Melchior-Durand y Benjamin Bachelier.

Una de las principales características de la adaptación novela gráfica son las diferencias que presenta con respecto al original norteamericano. Así, por ejemplo, la acción no se sitúa en los Estados Unidos de los años 20, sino en el Shangai de la actualidad, siendo los personajes caracterizados con rasgos asiáticos. Por otra parte, la supuesta homosexualidad de Nick Carraway, que en la novela original es tan sólo sugerida (lógico si tenemos en cuenta que se publicó en 1925), aparece en la novela gráfica de manera explícita, ya que mantiene una relación sexual con Chester.

Nick Carraway es un joven arquitecto sin demasiadas ambiciones, cuya vida se ha guiado por un consejo paterno: nunca juzgar a los demás. Por casualidad, logra adquirir una vivienda en el barrio de moda de la ciudad, junto a la mansión de un enigmático Gatsby, del que todo el mundo ha oído hablar. Nick entra de nuevo en contacto con su prima Daisy, una flapper, y su marido, Tom Buchanan, un rico bravucón cuyo matrimonio es una pelea constante. Durante una cena con Tom, Daisy y una amiga de ésta, Jordan Baker, Nick menciona que es vecino de Jay Gatsby. Más adelante, Tom lleva a Nick a presentarle a su amante, Myrtle Wilson, casada con George, un mecánico pusilánime. Tomando una copa con Myrtle, Tom, Catherine (la hermana de Myrtle) y Chester, un vecino fotógrafo, Carraway descubre que Gatsby está en boca de todos los personajes de la alta clase social de la ciudad. Es un hombre misterioso del que no se sabe la procedencia de su fortuna.

El enigmático Jay Gatsby es conocido porque ofrece grandes fiestas los sábados por la noche en su mansión. En una de esas fiestas, Nick conoce a Gatsby, y traban amistad. Por medio de Jordan, Nick se entera de que Gatsby y su prima Daisy tuvieron una relación amorosa que se terminó a causa de la guerra, y del matrimonio de Daisy con Tom. Juntos, diseñan un plan para que Gatsby recupere a Daisy. Nick invita a su prima a tomar el té, y allí se presenta Gatsby, quien finalmente logra convencer a Daisy para seguir viéndose.


Tiempo después, Gatsby acude a casa de los Buchanan. El encuentro entre éste y Tom muestra que ambos chocan frontalmente. Durante un baño en la piscina, Tom se enfrenta a Gatsby, y éste le revela que mantiene una aventura con su mujer. Enfurecido, todos abandonan el edificio. Trastornada por la escena que ha contemplado, y bajo un intenso aguacero, Daisy atropella mortalmente a Myrtle, quien se había lanzado contra el coche pensando que era Tom quien conducía. Para encubrirla, Gatsby dirá que el accidente ha sido culpa suya. Perturbado por la muerte de su mujer, George Wilson es manipulado por Tom, y acaba colándose en la finca de Gatsby para asesinarlo. Después, se suicida de un tiro en la cabeza.

Tom y Daisy rompen lazos y abandonan la ciudad. Nick, que también rompe con Jordan, se encarga de arreglar el funeral de Gatsby, al que no asiste nadie, excepto el padre de Jay, que le encarga cumplir el sueño de la niñez de Gatsby. En el jardín, frente a la luz verde que hipnotizaba al protagonista (desde donde se ve la casa de Daisy, al otro lado de la bahía), Carraway afirma que es el deseo de replicar el pasado lo que nos hace volver a él todo el tiempo.

La novela de Scott Fitzgerald supuso un hito de la literatura norteamericana por reflejar de manera fiel la crisis de los años 20, una época vivida a ritmo de jazz y alcohol que acabó truncada con el crack del 29, en el que se puso de manifiesto el poder del dinero y la avaricia de las clases sociales más elevadas, cuya superficialidad en los temas referentes a la moral era también bastante elevada.

Sin duda alguna, los personajes construidos por Scott Fitzgerald mantienen por sí solos el ritmo de la novela, en especial el protagonista, Jay Gatsby, cuya figura se va dibujando a nuestros ojos siguiendo los comentarios e impresiones de quienes lo rodean y frecuentan, y obteniendo, por tanto, una visión parcial e intrigante del personaje.


miércoles, 23 de abril de 2014

Lo que mueve el mundo



El final de la primera mitad del siglo XX estuvo marcado, indiscutiblemente, por dos sucesos que afectaron a Europa de manera determinante. Por un lado, la Guerra Civil española, que resultó ser el preámbulo del segundo de esos acontecimientos, la II Guerra Mundial.

La novela se inicia con el exilio de Karmentxu, una de las miles de niñas y niños que fueron enviados a hogares de acogida durante la contienda española. En el caso de la niña bilbaína, ella y su hermano fueron enviados a Gante, donde cambiará la vida del joven escritor Robert Mussche. Gracias a ese hilo de unión, los años que pasa Karmentxu en casa de los Mussche, logramos ir conociendo la vida y destino de un escritor casi anónimo que vivió el horror de la ocupación nazi, y que luchó (pagándolo con su vida) contra la opresión que el régimen alemán quiso extender a toda Europa.

Sin embargo, lo verdaderamente importante de la novela no es tanto el trasfondo, que sirve para contextualizar la vida de Mussche, como la actitud y determinación que éste fue adoptando a lo largo de su vida, cómo su forma de ser y pensar, rescatada por Kirmen Uribe, se convierte en un alegato que representa, como bien dice el título, lo que mueve el mundo.

Uribe traza de manera ejemplar la biografía de un hombre casi desconocido, un poeta perdido en la época de guerras, comprometido intelectualmente con las ideas socialistas y las libertades. Se trata de una novela de la memoria, cuyo final, triste pero sin embargo esperanzador, y los testimonios que recoge a lo largo de toda la novela, nos transmiten una actitud moral frente a cualquier sinrazón que la barbarie pueda provocar: Kirmen Uribe nos dice, a través de los hechos de Robert Mussche, qué es lo realmente importante, qué es lo que mueve el mundo: el amor, la amistad, la abnegación,…

De la novela en sí quiero destacar dos aspectos. De una parte, la mezcla de ficción y realidad, que aparecen entrelazadas como un solo ente. Uribe-narrador y Uribe- personaje se confunden, al igual que se confunden las voces narrativas, y a partir de un suceso contado durante un encuentro literario en Bogotá, el escritor vasco va tirando del hilo de la historia, contactando con Karmentxu y la familia belga que le acogió, rescatando los fragmentos de la vida de Mussche y mostrándonos el mosaico que se configura la vida de una persona real, perdida en el maremagnum de una época convulsa.

De otra parte, la poeticidad está latente durante toda la novela, pues es incuestionable que Uribe es, ante todo, un poeta. Así, en determinado momento, afirma esa voz de Uribe que se confunde entre narrador y personaje:


“Un viejo poema chino dice que si dos personas se quieren mucho, sin han estado muy unidas y una de las dos muere, la que muere en realidad es aquella que sigue andando.” 

Wilt



Henry Wilt es un aburrido profesor de Formación Profesional en una ciudad inglesa. Carece de ambición e iniciativa y sus alumnos eluden cualquier tipo de enseñanza por su parte, motivos por los cuales no llega nunca a consolidar su plaza de profesor en el Centro de Formación, y es reprochado por su mujer, Eva, llena de carácter y fuerza y que se mueve impulsivamente. Cada tarde, mientras pasea a su perra, Wilt fantasea con la posibilidad de asesinar a su mujer. Por su parte, Eva conoce en un curso de XXXX a Sally Pringsheim, una americana que encandila a Eva con sus teorías sobre la liberación sexual femenina.

Los Wilt asisten a una fiesta en casa de los Pringsheim llena de seudointelectuales, y en la que Henry es acosado por Sally. Al negarse a tener relaciones con ella, ésta le golpea dejándolo inconsciente, lo desnuda, y le acopla una muñeca hinchable, Judy. Cuando Henry vuelve en sí, intenta liberarse de la muñeca, golpeándose en la cabeza y llamando la atención de todos los invitados, quienes lo descubren. Avergonzado y ebrio se marcha de la fiesta, y Eva se queda, consolada por Sally y Gaskell.

Wilt decide llevar a cabo su plan de asesinato con la muñeca hinchable: la viste como su mujer y la arroja al agujero de los cimientos del nuevo edificio del instituto. Al día siguiente, cuando los obreros están empleando el hormigón para el pilar, creen vislumbrar el cadáver de una mujer, pero ya el cemento lo ha cubierto. Se inician las pesquisas policiales, y al final Wilt es acusado de haber asesinado a su mujer y a los Pringsheim, quienes en realidad han cogido prestado un yate y han embarrancado. Como la policía no encuentra a su mujer, y son incapaces de creer la verdadera historia de cómo llegó Judy hasta el agujero, Wilt estará retenido hasta que, al fin, Eva aparece medio desnuda en casa de un párroco dipsómano e informa de que su marido nada ha tenido que ver con su supuesto asesinato.

La novela de Tom Sharpe con la que inició una exitosa serie protagonizada por el anodino Wilt es realmente entretenida. El humor ácido se superpone una escena tras otra, creando confusiones en las que nada es lo que parece, y a las que nosotros, lectores que hemos visto cómo se ha ido desarrollando la trama, hemos asistido divertidos.

Tras esa impregnación humorística latente en casa episodio se esconde, como no podía ser de otra manera, una crítica a la sociedad inglesa, que es en realidad extensible a cualquier sociedad occidental.

De un lado, tenemos el que a mi juicio es el gran tema de la obra, la hipocresía. Ésta está patente en el comportamiento de prácticamente todos los personajes con el antihéroe Wilt: sus alumnos le golpean, sus compañeros le desprecian, su mujer le ningunea,… Estamos en la sociedad en la que el valor de una persona se mueve por la apariencia, no por el contenido verdadero. De ahí que, pese a estar detenido, Wilt se considere realmente libre. La sociedad ya lo ha juzgado y encontrado culpable, pese a que no hay cadáver ni móvil. Por otro lado, de una forma sarcástica Tom Sharpe afila sus dardos dirigidos a esos seudointelectuales cuya cháchara engañabobos no es más que una cáscara vacía y desprovista de sentido, encarnados en el matrimonio Pringsheim, personajes de una moda a punto de pasar. Del matrimonio americano, sin duda el mejor carácter es el de Sally Pringsheim, verdaderamente digna del psicoanálisis, cuya forma de hablar es producto de su teoría de la liberación sexual:

- Jódeme, nene Henry- dijo, y se alzó la falda-. Móntame, querido. Dale hasta gastármelo.
- Eso- dijo Wilt- iba a ser un poco difícil.
- Oh ¿Por qué?
- Bueno, por una parte sería imposible; y, en realidad, ¿por qué iba a hacerlo?
- ¿Quieres una razón? ¿Una razón para joder?
- Sí- dijo Wilt-. Sí que la quiero.
- Razón es traición. Siente libremente.
Tiró de él hacia sí y le besó. Wilt no se sentía en absoluto libre.
- No seas tímido, nene.
- ¿Tímido?- dijo Wilt, desplomándose de costado- ¿Tímido yo?
- Claro que lo eres. Está bien, ya sé que la tienes pequeña. Eva me lo dijo…


Tom Sharpe maneja perfectamente la transición de Wilt, insertándose en esa tradición que es tan británica como el propio esnobismo sobre el que se satiriza en la obra. Me estoy refiriendo al humor british, del que pueden servir como exponentes los Monty Python, pues ésta es sin duda una novela cuyas imágenes parecen sacadas del sexteto chiflado.